16.12.09

instante

atardecer de sábado
un café, la radio
en "aquí, allá y en todo lugar"
pusieron ese álbum de DiMeola

el día se iba
la noche quería tres estrellas
y la ciudad se calmaba poco a poco

estábamos en el balcón
y por unos instantes
el siglo fue perfecto


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12.12.09

la vida nos hace puré


la vida nos hace puré
estudia nuestro estilo en los primeros rounds
valora nuestros jabs
la pasta que tenemos al ataque

somos campeones de campeonato propio
de allí para arriba
nos la jugamos a un cambio de táctica
el mundo abuchea alrededor
nadie trae el espejo que pedimos

degenera en golpes bajos
mordidas
empujones
en los últimos minutos
hacemos de payaso
sorpresivo moonwalk en medio del ring

terminar en pie
eso es todo
un gramo de orgullo intuitivo

campana final


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7.12.09

flashback


me han dicho que en esa playa larga de arena fina
todavía las rocas lisas, negras, las algas sometidas
todavía los caballos caminando la resaca
y los perros sueltos asustando a las gaviotas

me han dicho todavía los atardeceres de poster
el barcito frente al mar
los viejos bebiendo té con menta
discutiendo la paz y la guerra
recordando la batalla de Granja China*
y "las bombas cayendo sin parar"

es posible que me hayan dicho
que cuando una mujer pasa, dorada, pelo seco de verano
los viejos la miran y piensan que si perdieron esa batalla,
quizás ganaron la vida

me han dicho que todo sigue igual
pero que ya no es lo mismo
insisten
como si yo no lo supiera


* referencia a Chinese Farm battle

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3.12.09

review


¡qué verguenza , shame on me!
he escrito tanta poesía mala
quizás me den un Guiness

sólo quiero escribir
de vez en cuando

receta:
tus manos líquidas
la curvatura del agua alrededor
y una vida sin gravedad planetaria

síndrome uterino , dices
aún así preparo mi nueva espada
de descabezar adjetivos

avanzo en primera fila invasora
contra las fortificaciones de mi necedad

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2.12.09

charla

así que esto es estar jodido, se dice el viejo a sí mismo, sentado en baranda de la terraza del rascacielos más alto de la ciudad, con las piernas colgando en el vacío, mientras un viento gélido barre las calles y la noche envuelve lentamente el mundo.

hace algún tiempo que no siente nada.
me cuenta que lo único que alivia el manojo de clavos y tornillos oxidados en su garganta es medio vaso de whiski o llorar solo, ahí, en lo alto de ese monstruo de acero y hormigón armado o camuflado en la sombra de un árbol un domingo por la noche.

a esto, le digo al viejo, le llaman tocar fondo. es cuando uno se hunde, se va a pique, atraviesa todas las capas geológicas hacia abajo, como un paracaidista inmaterial. la corteza, el suelo, el manto rocoso, la magma y sigue aún más abajo.

okey, ya estamos aquí, dice el viejo cerrándose bien la chaqueta, y ahora qué?
ya no se puede bajar más, esto es el culo de todo, roca sólida, sin oxígeno, sin rayos de sol, sin internet inalámbrica. cuesta acostumbrarse.

el viejo hace noventaynueve marcas en la lista de 'shit happens' y me mira.
lo bueno, le digo, es que desde aquí sólo se puede subir. listo. llegamos. ahora de regreso arriba.
se toma su tiempo. el viento se ha hecho más fuerte y más frío. la ciudad es un murmullo lejano. empieza a nevar.


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30.11.09

mesero en la calle de los bohemios

mesero en la calle de los bohemios. de día, mejor dicho de mañana, cuando los señores feudales aún no hacen su aparición montados en corceles invisibles. el sol salta y rebota de chuchería a manubrio cromado de bicicleta. un sol de luz blanca que arremete sin filtro alguno, derecho, inmisericorde, a la retina descuidada.

los fantasmas quietos que habitan las islas sombrías de ese universo dual se deslizan entre nubes de café, se sientan, leen el diario, escriben, bosquejan la calle y los terrícolas. a veces levantan la mano y piden un croissant.

a las doce en punto llegaba la viejita. puntual. llueve o truene. haya tormenta desértica o huelga de buses. a las doce.
se sentaba siempre en la misma mesa de la esquina. y ya lo sabíamos - mozos y cocineros - se le servía el almuerzo del día, completo. con postre y café. no hacer preguntas y tratarla con mucho respeto. órdenes del dueño.

al rato se iba. daba las gracias y se adentraba en el cosmos blanco del sol. nunca se le llevó la cuenta, ella nunca la pidió.

hace tantos años de todo eso, ¿quién sería aquella anciana? ¿qué habrá sido de ella?


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27.11.09

diálogo universal número uno

harto de las críticas por la muralla que - según el mundo - me separa del mundo, agarré un martillo grande, de esos que llaman combos, que son para derribar cosas viejas - casas, templos, parlamentos, cosas así. me fui con mi combo hasta la muralla y la agarré a combazos. dale que dale. hasta que comenzó a ceder, aparecieron grietas, unos ladrillos aflojaron y pum, pam, pum! empezaron a aparecer hoyos.

¡para huevón, para! - me gritaron - ¿qué cresta estai haciendo?
¡putas huevón, botando la muralla! ¿es tan difícil darse cuenta?
no cabrito, déjala así no más. no botís ni una cuestión.
pero si alegabai tanto por la pared...
sí, pero es peor. déjala no más.
bueno, a mí me da lo mismo.
sí, déjala así no más. no queremos saber nada con vós. ni verte queremos. eres demasiado raro, sabís?
bueno, bai no más.
¡bai!

(escrito en dialecto chileno)

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23.11.09

edicto


avistamos horizontes de tiempo desde el parabrisas del día, pero la noche nos atrapa en su telaraña de espectros, tersa, casi invisible, impalpable a los seres afligidos del artificio mezquino, de las noticias, de las cambiantes circunstancias invariables.

es que aún hoy, como en esos tiempos de liras y salmos, un viaje al desierto es lo que alivia el alma. la soledad. el silencio. la quietud te abrasa, maternal, y te regala una mujer de fuego que calcina tus heridas.

aparte de eso no esperes mucho. incluso emperadores nacen y mueren solos.


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19.11.09

la estética como salvavidas


un sueño del que no quieres despertar
una suite de Shostakovich
a veces una frase bien dicha
una composición de la naturaleza
o de la ciudad
un momento inasible
una visión de ella
desde la ventana del tren


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16.11.09

cautiverio


otoño
viajo escuchando en la radio a un hombre de ciencias hablar del ADN mitocondrial
oscurece
tarde temprana y ya es casi noche en estas tierras vetustas

resulta que ahora podemos desandar caminos hasta Eva
repasar árboles generacionales hasta nuestra madre lejana

y mientras viajo y escucho de mutaciones maternales
recuerdo unos versos de Yehuda:
"hicimos lo que nos estaba mandado
salimos con nuestros hijos
a recoger hongos en ese bosque
que plantamos cuando niños"*

como una excusa para nuestra presencia
una coartada subyacente al caos


* referencia a "Hicimos lo que nos estaba mandado" - Yehuda Amijai (1924-2000)

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9.11.09

empirismo


el estudio genético de nuestro espíritu
entrega datos inesperados
la química invisible
y los iones de la esencia
no se comportan
según las leyes conocidas

seríamos según los paleontólogos del alma
un extraño híbrido
de árbol y serpiente
de payaso
y hormiga guerrera

en vías de extinción


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31.10.09

escultor


el escritor atesora palabras
abre el diccionario al azar
y anota en su libreta
las que no conoce

las observa bañarse en la leche de la página
las mueve con el índice si están dormidas
las limpia con cuidado y las deja secarse
bajo el sol que entra por la ventana

en la noche intenta escribir con ellas
a veces resulta un triángulo
y a veces un poliedro
a veces una silueta de mujer o una calle empedrada

sin un plan evidente, a veces
hablan de Rahab o Melquiresha
pero en general acuña legos de amor
y los adorna con palabras desenterradas


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20.9.09

instantánea


una mañana amarilla en que el sol asegura que no hay noche ni invierno va y saca del armario el peso adulto, muerto y frío y su sombra parece un largo molino cuando sale al porche y baja los escalones hasta la tierra pisada

lo carga unos metros y mientras lo expone a la respiración del verano piensa que también podría ser un lápiz mágico, el bastón de Moisés, la lanza de Lautaro

no hay botes blancos subiendo por el río ni John ahoga en alcohol a Emmy-Lou*
sólo una mañana que se abre con todo el día por delante
con todo el tiempo de todos los mundos por venir
como un túnel de luz y nubes


* referencia a la canción "Powderfinger" de Neil Young
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12.9.09

conjuro


un pequeño libro con las instrucciones para vivir a cien centímetros del suelo yace abierto en una alfombra de arena - solo y ciego - esperando una muerte lenta

rodeado de una corte de seres marinos, quieto, semienterrado, como si fuera una carta no enviada momificándose al fondo de un cajón bajo una cajita de pañuelos desechables

en el aire quieto y perfumado del estudio de un psiquiatra-ilusionista con armarios de vidrio esmerilado

que muy bien se puede guardar la sonrisa y la mirada indulgente para otra
para alguna triste esclava de si misma, o de sus padres (que hicieron lo mejor que pudieron), o de la puta vida que le tocó vivir

nosotros ya tomamos la carroza a París y a mitad de camino, en el abrevadero de Antoinette o Florentinne, algo así, latigamos los caballos y nos evadimos al galope, esquivando las piedras y saltando troncos desplomados

hasta esas playas anchas del sueño donde nos bañamos como niños y nos secamos al viento
y después, en la casa de las piedras dormidas, te preparaste como joya, como pastel, como postre de miel, tras las puertas que las mujeres nunca abren

no volveremos jamás, dijiste al rato, recostada en mi pecho
no contesté pero estuve de acuerdo

arte: frank h.
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8.9.09

cronosueño 1955


Restaurante de carretera, desayunos baratos.
- Un café, por favor.
- ¿Y para su amigo?
- Cerveza.
- ¿Ahora? ¿En la mañana?
- Ahora mismo.
- ¿Algo más?
- Par de huevos fritos, tocino, tomates, queso blanco.

Limpia el mostrador, me sirve el café y pregunta:
- Su amigo, ¿qué anota en esa libreta allá afuera?
- ¿Jack? Escribe un libro. Un libro sobre cómo ser vagabundo.
- Mmmm, no creo que mucha gente lo vaya a comprar...
- No le interesa. Lo pasa bien escribiéndolo, eso es todo.
- Y usted, ¿también escribe?
- Un poco, pero lo haré más en el futuro, el próximo siglo.

Me mira con ojos de duda, el trapo en la mano. Acerca el azúcar:
- En el futuro - repite.
- Sí. Escribiré en una computadora.
Sonríe: - ¿Y su amigo también?
- Nope! Él no. Pero él será famoso.
- Con el libro sobre vagabundos.
- Con el libro sobre vagabundos - le confirmo.

Elevo la taza como si fuera champaña, "Chin-chín!" le digo y me tomo el primer espresso del día.
- Y usted, ¿también va a ser famoso?
- No, en absoluto. Apenas me conoceré yo mismo.

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5.9.09

chantaje


Es ridículo decir que es de noche: aquí siempre es de noche.
Sin embargo cuando el cielo es como la tinta de un calamar que ha pasado toda su vida entre los restos de un galeón español hundido por piratas, uno tiene la sensación de noche, verdad?

Vamos sentados lado a lado sin decir palabra, viajando a la velocidad adecuada. Yo, en el asiento del conductor, dedos sobre el volante - apenas rozándolo, como si fuera el contorno de una mujer pantera que siempre reacciona diferente al tacto de tus dedos.
Ella va en el asiento del copiloto, con el traje rosado y el cierre abierto hasta el valle donde comienza la separación de los pechos.

- ¿Es esta nuestra primera pelea? - dice.
- Parece - digo al rato. Después silencio.

Arriba, a la izquierda, Nuba Secretis tiñe la negrura de violeta. Hemos estado juntos por cuatro años (lo que parece increíble) y nunca hasta hoy habíamos discutido (lo que parece aún más increíble). Una tregua tan larga, solos y encerrados en la nave, no se da jamás - algo así como un político sin contactos con la mafia.

Al rato siento su mano sobre mi rodilla y después bajando el cierre de mi traje. Me aferro al volante como un trapecista que se prepara a recibir a su compañera que viene hacia él girando por el aire en un salto mortal sin red. Siento su mano dentro de mi traje. Extrae mi instrumento, se inclina en su asiento y su cabellera roja baja hasta mis muslos. ¡STOP! la imagen queda congelada en el aire, flotando ante nosotros.
Ella, aún sentada como copiloto, apaga el Mind-Reader con una sonrisa. Deja el aparato en la consola y me mira.

- Está prohibido darles agua -le repito por enésima vez , escondiéndome detrás del código.
- ¿Y desde cuándo te importan una putamadre las prohibiciones del código!?
- Oh, Miyú, ¿vamos a empezar de nuevo?
- No - su rostro se tensa - Son personas - dice - podríamos ser tú o yo.

Yo no quiero discutir más, yo lo único que quiero es entregar el cargamento de leprosos, cobrar la paga e irnos a las playas de Cuba a tomar daiquiris y a hacer una revisión completa del Kamasutra, edición de lujo.
De seguro que viene Fidel a visitarnos, con sus camisas hawaianas y sus shorts de seda. Saldremos una noche a beber Appletons con su amigo Bill y a fotografiarnos en la mesa donde Hemingway se sentaba a escribir en su libreta.

- No son leprosos - me dice.
- Así les dicen - contesto.

Nuevamente silencio. Enciende el Mind-Reader y pone la última escena en pausa, flotando como un sueño frente a nuestros ojos: mis manos en el volante, su cabello fuego-lava-llama-sangre cubre mis piernas.

- Okey - dice y señala la imagen quieta - eso, ¡nunca más! O, a cambio les das agua, y entonces Cuba, nuestro libro hindú y tomar ron con Fidel y Bill..."

Lo pienso. Me levanto a llenar los cubos de agua. Elijo los cubos grandes. Mientras trabajo ella me grita desde la cabina - ¡Podemos hacer Kamasutra sólo por tres meses más!

Llevamos unos cincuenta leprosos. Con la paga tendremos playa y palmeras por buen rato. Pagan bien pues la cosa está jodida - descubrirlos y cazarlos no es fácil. ¿Pueden creer que uno era el Presidente de Austria? Shit, ya no se puede confiar en nadie. Va en nuestro cargamento. Ahora podrá postularse en Plutón, el planeta cuarentena.
Reparto los cubos entre los gritos de los enfermos con sus rostros azules agujereados y sus manos de dos y tres dedos.

En el pasillo de regreso mi mente conecta dos cosas: "Kamasutra sólo por tres meses más" y eso de que ahora se baja el cierre el cierre del traje hasta el valle donde comienza la separación de los pechos pues "le aprieta".
Me apoyo en la pared - ¡eso es! - siento gusanos en mi estómago, un mareo, pero más que nada, siento ganas de abrazarla.

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30.8.09

cruce de caminos


Llevamos viajando dos días y el desierto no se acaba - a medida que avanzamos el desierto crece, se extiende como una mancha de formalina por el piso de una morgue después que un frasco lleno de cerebros se ha resbalado de las manos del ex convicto que limpia el lugar.

El desierto tiene una calma que se pega a la piel y deja manchas de sudor bajo los brazos y la camisa húmeda adherida a la espalda. Primero se maldice el sol, el polvo del aire que va formando una alfombra sobre tu lengua seca, luego se maldice el calor.
Pero poco a poco la calma del desierto te atraviesa y te va tranquilizando, tal como ese rayo que atravesó al golfista solitario en medio del campo de golf, matándolo y dejándolo fulminado sobre el césped pulcro, sin poder ver que la pelota que acababa de golpear cruzó el aire de la tarde como una cometa avergonzada, rebotó una vez en el pasto, rodó varios metros y cayó (cloc!) limpiamente en el hoyo número seis.
Tiro perfecto! - el del golfista y el de los dioses del rayo.

Un rayo diferente, de otro tipo - más parecido al que afectó la vida de Michael Corleone en Sicilia - fué el que me partió los sentidos cuando la ví en el restorán caminero sirviendo hot-dogs a un grupo de bebedores de cerveza local, esa hecha con malta de cielos secos, que crece en tierras áridas donde lo único que el viento agita son los pellejos de serpiente abandonados.

Cuando se agachó a poner en mi mesa el plato con huevos y el café me llegó su fragancia de jabón y agua, simple como pan con mantequilla y decidí que le escribiría un poema - a ella, a su olor sin aderezos y al escote de su delantal.

El poema fue abriéndose lentamente, como una hidra en marea baja. Se lo leí una noche en una cama de motel a la luz de la lámpara del velador. No dijo nada, a su manera, pero metió la mano bajo las sábanas y comenzó otro de sus juegos.
Por hoy ya le he escrito decenas de poemas en servilletas.

Una madrugada que viajábamos con las ventanas bajadas vino un azote de viento indio que hizo volar varios poemas desde el piso del auto y los sacó por las ventanas como pájaros liberadas. Los dejamos en el desierto: ya que querían irse con el viento, que se fueran.

Esa vez, después de tomar mi pedido en el restaurante me preguntó adónde iba y le dije que no sabía, pero que lo sabría cuando llegara. Se sacó el lápiz sobre la oreja, escribió algo en su libretita de pedidos y me entregó el papel. Lo leí y lo guardé en el bolsillo de mi camisa. Mientras comía saqué una servilleta, la extendí sobre la mesa como si fuera a envolver en ella un diamante de doscientos quilates encontrado en las selvas de Guyana, y le escribí en ella dos párrafos claros.

Unos días después de los párrafos de la servilleta, ella preparó una maleta, cerró su casa y se vino conmigo.
Tras el desierto vendrán los bosques, después la tundra y después la nieve.

Quizás alguna vez volvamos al pueblo donde ella atendía el restorán caminero. Quizás alguna vez vuelva al edificio que abandoné una noche después de limpiar el piso y ordenar nuevamente los cerebros en un frasco de vidrio.
No se. Sí se que me gustaría regresar en unos años más y poner una flor y una piedra en el lugar en que cayó el rayo en medio del campo de golf.

Abro la guantera, saco la pelota blanca que recogí del hoyo seis que aquí, en el auto, parece un silencioso huevo de pinguino, la coloco entre sus manos y comienzo a contarle la historia.
Lejos, el sol se va tras las mesetas, el cielo se pone rojo. En la radio, Ben Webster.

arte: frank h.
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28.8.09

esencia


soy
el eslabón de una cadena
un caballito de goma
y un jeep de lata
un casco romano
la .38 de Dick Tracy
y el sexto tomo de una enciclopedia

soy Salgari,
Bradbury y Dickens
un patio andaluz,
un tornamesa plástico
y un premio de arte

soy sol, sueños
y risas,
un signo de pregunta
una palabra no dicha
una nube que llueve hacia adentro

soy George Harrison,
Paul Simon, Neil Young,
también Vivaldi,
Prokofiev y Mozart

Blanco, Hemingway, Oz
Sorolla, Rothko y Chagall
soy un viaje en tren
una estación en la noche
un antiguo niño perdido

soy muchos finales
muchos borrón y cuenta nueva
y llevo todo eso en una mochila cósmica
que me servirá de almohada
hasta mañana al amanecer

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22.8.09

gelatina de muertos


cuando entré al bar su mirada se me clavó como daga lanzada por un cazador experto. pedí una Guinnes y me acerqué a ella cruzando galaxias de humo de tabaco.

le dije, "¿qué hace una chica como tú en un lugar como éste?", desarmándola con mi originalidad.
sacó una cigarrillo largo y oscuro y lo encendió con un Zippo que tenía una imagen de Jerry Lewis durante la campaña presidencial de 1978 pronunciando su famoso discurso de "I have a dream...".
guardó el encendedor y lanzó el humo derecho a mi cara tal como lo haría una chica sola en medio de la noche bebiendo oúzo en un bar atacado por zombies.

- "haciendo lo que una de esas otras chicas no podría hacer en esos otros lugares" - me dijo y sus pupilas reflejaron el movimiento de dos ventanas abriéndose detrás mío. giré y disparé - la Magnum escupió varios truenos. no me preocupé mucho de darles en la cabeza como decían por la tevé: uso un calibre que hace mucho daño - aunque su cerebro siguiera funcionando, no podían hacer mucho sin brazos, no?

bastaron cuatro o cinco disparos. algunos de los que estaban en el bar jugando bridge corrieron a tapar de nuevo las ventanas.
me volví hacia ella y su rostro era tan hermoso y sus senos tan enigmáticos que decidí presentarme:
- "Bond", le dije, "Frank Bond".

su tacto era tibio, suave como una piel de roedor que te roza las piernas mientras estas sentado en un cine de barrio arruinado, mirando por décima vez aquel filme de Marlon Brando y el pote de mantequilla, mientras afuera la ciudad es asolada por la peste negra.

- "yo soy Ripley", dijo, "Captain Ellen Ripley" - retiró su mano queriendo dejarla entre mis dedos, como si dijera "crees que me has atrapado, hombre del cañón largo, pero he sido yo la que me he dejado atrapar, tengo mis trucos..."

sonreir en esos momentos habría sido de aficionados, bebí la mitad de la Guinnes, la miré fijamente y le dije:

- "voy saliendo de la ciudad. ya ví todos los museos por aquí" - creí que iba a reir, pero no lo hizo. era una de esas chicas vivaces que escapan en bus cuando todos la buscan en los trenes - "tengo un lugar tranquilo, con una despensa llena de oúzo en una isla al norte. voy hacia allá y me cansó fumar solo".

secó su vaso de un trago, golpeó el mesón con él y chasqueó los dedos:

- "¿cuánto es?", preguntó, me miró con ojos de mucha agua bajo muchos puentes y lanzó dos billetes al barman. mientras se bajaba del taburete le coloqué la Cocó Chanel sobre los hombros:

- "al patio de atrás", le dije - siempre me han gustado las Tavernas Winchester por ese aparcamiento privado trasero - es pagado, pero esa noche no había nadie para cobrar.

nuevamente los zombies habían abierto un boquete en una ventana delantera y los parroquianos estaban golpeando con machetes y bates de béisbol a las manos verdes que penetraban como gusanos desesperados en busca de algo vivo.

encendí el TVR y su motor vibró como un enjambre de avispas africanas regresando de un ataque a una casa de ancianos:

- "¿sabes usar ésto?", le dije, aunque ya sabía la respuesta.
- "prefiero la Smith&Wesson que llevas atrás".

se la di. le di tambien cuatro cajas de munición.

- "¿vamos?".
- "vamos!", respondió.

salimos a la avenida principal a toda velocidad. cuando pasábamos enfrente del Winchester escuché los primeros disparos. me concentré en conducir. Captain Ripley se preocupaba de abrir camino. comenzó a amanecer.

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17.8.09

Pic-nic con Madonna


Me levanto cuando desaparece la luna y desayuno un melón con vodka, hielo picado y jugo de arándanos. Pongo globos verdes y rosados en el descapotable y viajo a despertarla.

Está lista para el picnic: calcetines bordados, trenzas, una canastita con cigarrillos y champaña.
Nos vamos al parque, pero allí ha comenzado una revolución y se están dando tiros.
Nos vamos a la plaza, pero ésta ha sido tomada por pandillas de rapperos y se están dando cuchilladas.

Decidimos que queremos besarnos un poco antes del pic-nic. Entramos a un rotativo y nos entregamos a la tarea. El beso más largo dura seis minutos y treintaydos segundos.
Ya que estamos en eso, aprovechamos de practicar con la lengua. Madonna se muestra agradablemente sorprendida de unos besos en los lóbulos de las orejas que he inventado para ella. Dice, "wow! you are a genious, mon amour..."
El pantalón me quedará con una mancha que costará semanas quitar.

Salimos del cine hambreados y sedientos. Las Apalache nos invitan al pic-nic con unos tonos celestes, nieve y parches de bosque.
En pleno viaje Madonna se saca los guantes y los lanza al aire. Los veo planear como dos palomas blancas y posarse entre pastizales y cardos a la orilla del camino.
Luego, ella abre la canasta, saca algo, se mete entre mis costillas y mi brazo derecho y se acomoda ahí a mordisquear queso . El pelo le huele a frambuesas. Tiene un lunarcito entre los senos.

Me prometo tomarle unas polaroid con fondos de puentes viejos y heniles. Ella hará poses.
Otras polaroid al atardecer - cielos rojos y nubes y ella sonriendo con el pelo desordenado.

En el pic-nic nos tomamos las dos botella de champaña y gastamos una caja entera (esas de media docena).

Una de las polaroid la magnifico y la cuelgo donde pueda verla durante el melón con vodka de las mañanas.
Mientras le tomana esa foto, le ví flotando sobre su cabeza una redondita y luminosa aura de santa. Lo juro!
(¿Aceptará esto El Vaticano para iniciar el proceso da canonización? - mañana mismo les mando un email preguntando).

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12.8.09

mitad de sol


pongo a la venta en eBay una mitad de sol atrapada
- rayos en buen estado
usada sólo para madurar trigales
una mitad buena y tranquila

se aceptan cheques al portador - sillas pintadas de azul
promesas - Pay Pal - como el comprador quiera
no sujeto en absoluto
a leyes de oferta y demanda

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